1 ene 2016
Tengo un sorbo en el pecho, el último sorbo de aliento, que se bebe y raspa tras las pupilas delgadas que se atan al corazón.Me pesa la esquina izquierda de mi ligero cuerpo, mientras en el mundo me disfrazo dentro de un cubo obscuro donde embarga la demencia, donde vuelan las polillas, donde la ropa se quita después de matar, donde en las paredes veo mi rastro tambaleándose como cortina de humo.
En el estómago de las verdades, donde cala el sorbo de agua que se aloja en la cuneta, no me vengas muerte a decir que solo juegas a esconderte detrás de mi nuca.
Las moscas no son tontas, vienen a oler la puesta de un pellejo putrefacto.
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