No he encontrado unas tijeras que sean puntiagudas
y que sirvan específicamente para cortar esos molestos ojos color café.
Fui a casa de Jimena, conocí a su mamá quien huyó de un convento por amor,
por capricho o por religión, (la excusa es lo de menos),
fui y ella me ha obsequiado unas grandes y brillosas.
Al despedirme, corté las palabras con esas mismas tijeras,
después de todo, para cortar es que eran.
Jimena apresurada se despide, cargando una mochila que lleva y trae mentiras,
siempre está sucia y huele a marihuana.
La vi en su recámara echando cuatro blusas, una falda y un short...
pero ningún suéter.
Entonces se despide disimulando que irá con su amante (un hombre mayor),
ella dice que yo no lo conozco pero que la trata bien siempre.
- pero mucha verdad suena siempre a mentira -
y eso lo recorté después.
Su madre nos despidió con un ahogo en la garganta, mientras yo contaba
las macetas de la entrada, todas color café. Creo que ella sabe que Jimena no volvería.
A la cuadra siguiente la vi correr a toda prisa, eso parecía una fuga
y tanto coincidía con la historia que nos contó su mamá mientras
la flaca se metía unos cigarros en la cintura.
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