Ojo por ojo gallina

A quién se le ocurre visitar a Magda, la horrible, tuerta y arisca vieja con trapo por delantal. De curvas de grasa, con hollín en la pansa y manos sudorosas, el aceite en bolsas y el ombligo de pan.
¡El ombligo yo no se lo he visto! Eso es lo que cuenta el hijo de doña Ruperta.
Magda, la pobre e insensata cocinera, a quien le hacía falta la vista del ojo izquierdo, y la vieja que ahora pierde un ojo mientras acuchillaba a la gallina “Pita” quien en el último año de puesta, no le dio huevos que pudiera vender.
Nadie en la granja se salva, cuando el producto de la cocina está por perder. Medio inquieta la gallina, con las ampollas de vieja, el pescuezo de fuera con la cresta cabizbaja. Las timoneras escasas y los muslos sin mucho por hacer.
Se dice que alguna vez, fue la gallina que todos en el pueblo le envidiaban, por ser la mejor en sus huevos poner.
Al cabo del tiempo, se volvió arisca; tan cruda como la vieja Magda, perdiendo todos los gallos del gallinero, por engreída y altanera.
Aquel día del infortunio relato…
Magda salió desde temprano, como era costumbre, le cazó desde un rato, detrás de las rejas de pasto, viéndole comer. En un momento la gallina se distrajo y loca por luchar contra la intención de Magda, el desplumar de “Pita” al tronco de su última voluntad la incertidumbre fue disminuyendo.
Un frío silencio golpeó por un largo momento… Pero para “Pita” era tan solo un instante en que la vida de una gallina, en un tronco “de matadero” su fe recargaba.
Magda sin dudar por un solo momento, apretó el cuello de la gallina, Magda se agacha y gira su brazo para tomar el cuchillo … y en ese instante: “Pita” con sus patas, el ojo le arrancó.
La vieja se puso de malas, y medio tuerta a gritos la buscaba. Mientras “Pita” la pobre gallina, del matadero escapó.
Dando cuchilladas al aire, la vieja no se daba por vencida, y los animales inquietos; hacían toda clase de ruidos incesantes, que, para la desgracia de Magda sobre un barranco de cerdos cayó, aún delirante por lo sucedido salió con el coraje entre las manos, la sangre chorreando y los pelos despeinados, dispuesta a matar a la gallina que su ojo le arrebató.
“Pita” tras los gallineros se fue a esconder, pero las gallinas no la respaldaron y a su suerte la dejaron ver.
Magda enfurecida, la vio sin fuerzas, casi por dejarse vencer.
Aquellas gallinas que por muchos años le guardaron rencor, por la actitud de “Pita” que por bonita y valiosa no eran sino, gallinas comunes y corrientes.
Magda le vio… ahí desesperada por correr. Pero en el instante en el que iba a cortarle hasta las plumas, le detuvo una idea.
… y de pronto y de un solo golpe y de tajo… ¡Chac! un sonido al vacío se escuchó.
Ningún animal quiso voltear a ver, los vecinos asustados se taparon los ojos, se escondieron tras sus corrales y a “Pita” la imaginaban ya muerta.
Pero… en un silencio… un cacareo arrastró la duda. Pensaron que había sido el último aliento de “Pita” y que la cruda vieja Magda no se había tentado el corazón.
Solo que la gran idea que tuvo Magda, había sido poco compasivo.
Le arrancó el ojo a la gallina “Pita”, se lo cosió al entrar a la casa, difícilmente pero lo logró y la vista de Magda sus ojos volvió.
Y a “Pita” no le quedan huevos que empollar, pero por el recuerdo que le atrae a Magda la gallina sus últimos días en su casa pasará.
La gallina “Pita” ahora vive dentro de la casa, fiel amiga y consentida de su dueña, ambas viejas, agrias y orgullosas.
“Pita” medio tuerta y la cocina progresando… ¡por un ojo de gallina!

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