Se recarga la pena en una escalera al vacío.
Contando las horas que tienen siglos.
Mi alma inmortalizada en las paredes de este cuerpo,
cuyos secretos se guardan en el baúl.
Al jardín de los rencores me vine a caminar
por el paso de intenciones
a esta silla me senté a pensar.
En las locas ansias de mi alma a averiguar,
de los muchos “me muero” que escuché en poemas,
en canciones que no han dejado de cantar.
Me quedo sentado, postrado al recuerdo.
Mis siglos tan solo llenos de esperanza,
De esperar los días enteros
aquí arrinconada a la pared.
De los ecos del mundo y las voces que tallan la mirada perpleja de esta silla intacta.
Al caer la noche, me vuelvo y estanco los llantos a una respuesta.
al seguir esperando los días enteros que tan solo recaen de vuelta a la silla; por más siglos, por más estaciones de impaciencia.
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