Esporas

Reconoces...
Esa sensación que tienes cuando estás a punto de despertar...
Cuando tu mente, después de haber estado dispersa solo tiene esa acostumbrada sensación de saber que tendrás que ponerte de de en algún momento. Y te detienes por un instante a pensar que tus pies tocarán el piso.
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No hay momento más extenso en la vida, que aquel instante donde abres los ojos y al abrirlos la luz te va cegando suscitándose ... dentro de tus ojos lentamente.
Y no hay luz más cegadora que esa, la que cala en la propia obscuridad.

Las primeras imágenes se apoderan de la cámara de recuerdos, se expanden hacia alguna parte del cerebro y, es entonces que el momento comienza a dilatarse.
Los ojos toman a intervalos pequeñas espigas que galopan a corta velocidad aquellas sensaciones  restauradas por la memoria. Todo queda en sigilosas esporas miniatura empapadas de algo latente dentro de una bomba expansiva.
Aquellas imágenes han viajado a toda velocidad a través de las extensiones nerviosas que posee el momento. El cuerpo toma unos instantes más para percatarse de lo que sucede y se mese con tal elegancia para emprender movimientos bruscos, como lentos.
La serenidad con la que se cristalizan todas aquellas posibilidades, la evolutiva forma en la que el ego nos transfiere la capacidad de intervenir.

Pero, la intervención suele venir en cortas disputas y muy delgadas líneas de razón. En ese momento extenso... la mente suele despertar "en blanco", no es que se encuentre muerta, ni dormida, solo que está jugando con otra información al mismo tiempo que las sensibilidades.

Trasfondo...
Se hace notable la luz de la ventana, las esporas blanquecinas que atraviesan los rayos del sol, distorsionando la realidad. No se contienen a intervenir que viajan a través de la luz que las ha dejado notarse frente a nuestros escandalosos ojos.

El frío ya sentado de los pies descobijados, las pesadillas tumbadas al lado de la sábana, quizá enredadas en los cabellos y sujetas a la espalda.
Acostumbrando los vacíos, vacilando el paso de los días, dándonos los buenos días y saludando al marcharnos de casa.


La vista se desmaya volteando a cada una de las esquinas de los cuartos, cada esquina embobinada de ideas pertenecientes a fragilidades humanas, adornadas de esquineros que contienen libros, fotografías y esporas flotantes. Todo para entorpecer la salida de la soledad, alguna muy obscura y patética. Alguna muy engreída que pasea en bicicleta, haciendo morisquetas en cada susurro de mutiladas razones.

El momento más extenso en la vida, es aquel instante en el que abres los ojos y miras la primer razón mutilada; la luz.
El encendido y complejidad de restaurar si estás solo. Si llevas consigo algo o alguien, si está funcionando más allá de nuestro raciocinio; el vacío.

Esa sensación que tienes...
 o... solo yo me encuentro vacío?

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