Tenía la cara partida sobre la pieza de pan… la urgencia de todas las mañanas era el desastre del reloj.
Y tic tac tic tac
Cuando el reloj marcaba la hora inestable la prisa era un campo de batalla por donde corrían casi volando mis pies. Podía verse mi cabello desafiar a toda velocidad…
Y así el salir corriendo de casa era casi tan normal como despertar.
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