A c h i c o r i a s A m a r i l l a s
He cortado pequeñas achicorias amarillas,
las puse delante de tus ojos
para que te enamoraras de ellas.
Al merodear en el monte,
me corté la palma de mi mano izquierda,
luego mi cabello se encendió
y las florecillas de achicoria
cayeron espolvoreando
su polen microscópico en mi nariz.
Yo estornudaba el polvo,
y gotitas de sangre escurrían en sus fragiles tallitos,
como yo estaba feliz de que las vieras;
corrí tan de prisa que tropecé con una piedra.
Cuando llegaste tú no supiste nada de esto.
Las achicorias se secaron, pero no estuvieron tristes.
Adornaron tus ojos esa tarde y yo:
pues sigo estornudando.
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