Solía bailar;
desnuda detrás de la cortina
después del día normal,
después de acumular el polvo
redondear la sonrisa,
de cruzar las calles,
de mirar por donde no me salves.
Solía bailar;
en cueros por la
sala y la cocina,
después de un día soleado
una copa y su botella
durazno
y el vino...
bebiéndose mi intrépida sed.
Solía bailar:
desnuda y sin prejuicios.
Me gustaba andar descalza,
tocando por encimita el polvo
de toda la casa,
ensuciando la planta de mis pies.
Solía bailar,
como medio libre
sobre el suelo
aguantando el ritmo
pero
. . .
solía bailar.
Solía tener
mi propio equilibrio
Solía tener
mi propio sonido
y
. . .
llevar el ritmo.
Cuando solía bailar
tan solo desnuda,
enderezando los miedos,
los truenos de mis migrañas
empupiladas
ahora no saben bailar.
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