Hay una fotografía; está en mi mente,
suele acosarme cada que cierro los párpados.
Esos los que se cierran y se abren pero,
no devuelven lo que alguna vez imaginaste.
Te veo recostado sobre el terreno de grillos
aquellos que sonaron cuando componías
tras las huellas de mis manos, claro;
sin nada de eso de tocarte porque te espinas.
Yo atareado por besarte,
y al otro lado del cañón...
salteaba ya la madrugada
encimita de tus hombros
blandos, hasta donde los recuerdan
éstos párpados flacos que,
no conciben a la memoria
tan solo imaginarte...
A estas alturas de extrañarte
me cala tu hueso largo
la clavícula con la que me encajabas
cada uno de tus espinosos besos.
Que... claro, tan solo sigo alimentando
con la terrible imaginación.
Hasta entonces; sigo amando ese momento,
de grillos nocturnos,
bichos gigantescos husmeando colillas de cigarro,
cabizbajos, tropezando con sirenas de agua fria
cada enero, cada invierno que contemplan
las espinas de corazón.
4/12/17
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