Nunca, nadie

nunca nadie
me había no querido como tú.
Nadie nunca,
me había dejado el pellejo tan roto,
con el pecho inflado y los sentimientos a la deriva.
No es por confesar el despecho,
no es por contarte mi soledad.
Es por gritar que nunca
nadie me había no querido como tú.

Y a las contadas tus sonrisas,
tu tan vaga e irresponsable forma de querer.

Nunca nadie
me había no querido,
como tú lo haces ahora que los silencios arden,
que la ignominia se posa sobre la delgada piel de mis ojeras.
Nunca nadie, nadie,
nadie, me había causado migrañas en las venas.

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