ahora mismo el cielo reclama la luna que cuelga casi siempre de las nubes, pero hoy no está. Y pareciera que está molesto porque azota con fuerza un viento sobre el cristal de la ventana.
¿Sabes? Casi siempre recuerdo a ratos, aquella vez que fuimos en medio de las montañas, sin nada al rededor tan solo montañas. Pero la luna esa vez sí alumbraba y se veía todo el campo con los picos de ellas rodeando la luna, acostándose con el cielo despejado.
Creo que tú estabas tan cansado que no te diste cuenta, hacía demasiado viento que levantó la tierra. Y entre los matorrales; salieron bestias de cuatro patas relinchando despacito, muy bajito.
Nosotros mirando hacia arriba, con las cabezas dispersas hablando de todo, escuchando nuestra respiración.
Recuerdas que gritamos al ver que una de esas bestias de cuatro patas estaba encima de nosotros, lamiendo las palmas de las manos, sigilosamente.
Al topar su sombra con la luna, cuál eclipse a la luz, ambos gritamos. No eran bestias, tan solo caballos... tan solo caballos.
Estaban rodeando el campo, brillando en sus lomos una mágica existencia nocturna, la ciudad apartada, el conejo en la luna, los caballos cabalgando, jugueteando con el viento.
Hoy, hace viento y siempre he pensado que me da miedo, pero al recordar ese momento en las colinas, todo pasa, todo, pero extrañarte no, eso no se borra con el aire.
Para un: 2010
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